Blog de divulgación de temas de salud, medicina conductual, psicología, atención emocional, cuidados paliativos y muerte. Recopilación de textos de distintas fuentes con fines de difusión.
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martes, 6 de febrero de 2018
Cuentos para trabajar el duelo y las pérdidas con los niños
Material disponible en http://blog.educaciondocente.es/wordpress/cuentos-para-trabajar-el-duelo-y-las-perdidas-con-los-ninos/
Enséñame a decir adiós
Guía pedagógica para niños y adolescentes
Disponible en https://drive.google.com/file/d/0B5JGoBVRg7zrdV9KRFhtZTkzM00/view
Disponible en https://drive.google.com/file/d/0B5JGoBVRg7zrdV9KRFhtZTkzM00/view
Jack y la muerte
La historia de Jack y la muerte, parece un simple cuento para explicar la muerte a los niños, pero pienso que es una corta y concreta historia para explicar la muerte a los profesionales de la salud, en especial al gremio médico, que en frecuentes oportunidades nos comportamos como Jack intentando evitar la muerte de nuestros pacientes cuando por muchas circunstancias, esta debería suceder, olvidando que a pesar de todos los recursos técnicos y tecnológicos que han permitido a la ciencia médica llegar donde ha llegado, no han logrado cambiar la evolución natural de las enfermedades crónicas y/o terminales y solo hemos logrado aumentar el tiempo de sobrevida a un costo económico grande, no siendo este el más importante, pero si el costo físico, emocional, familiar y social, al que exponemos a nuestros pacientes, familiares y acompañantes, pues no siempre el tiempo extra es sinónimo de calidad de vida, que es lo que podemos observar en las enfermedades crónicas y terminales, tanto las de origen oncológico (cáncer) como las no oncológicas, donde por nuestra imposibilidad de entender y aceptar que la naturaleza tiene un curso y que la alteración de este en muchos casos solo logra incrementar nuestro ego, pero no el bienestar de los enfermos y por eso a muchos pacientes les escuchamos decir que la vida importa por lo ancho, no por lo largo.
Cuando nos empeñamos en alargarla, en pacientes muchos de ellos, con debilidad, limitaciones físicas, psíquicas, con dependencia para las actividades de la vida diaria (baño, vestido, alimentación, deambulación….) el procurarles más tiempo simplemente les permite ver lo largo de los días, con necesidad de cuidados por parte de sus acompañantes, que en muchos momentos vulneran la autonomía, la intimidad y la autoestima de los pacientes, recordemos que hemos avanzado técnicamente en muchas circunstancias, pero nuestra naturaleza no ha cambiado lo más mínimo en su curso, teniendo las mismas necesidades y los mismos comportamientos biológicos que el hombre de lustros atrás, los invito a que de manera humilde y con gran juicio lean este corto pero concreto cuento, donde nos muestra la realidad más clara del enfermar y el morir y que al ignorarlo generamos tanto disconfort y malestar como lo logro Jack, por evitar que su madre muriera en el momento, lugar y de la manera que le correspondía.
Texto publicado por Juan David Osorio G. en Cuidados al final de la vida
Hablemos de duelo
Este manual gratuito busca ser una herramienta práctica para ayudar a los padres y profesores a atender y acompañar el duelo infantil. Por eso, ofrece respuestas concretas a las diferentes situaciones que pueden darse en el seno de la familia cuando fallece un ser querido, desde las dudas más habituales (¿Puedo llevar a mi hijo al tanatorio? ¿Cómo le explico una incineración?), hasta los escenarios más complejos (¿Debo comunicarle un suicidio? ¿Cuándo es necesario buscar ayuda terapéutica?).
El manual incluye también un apartado especial sobre cómo atender el duelo en personas que padecen una discapacidad intelectual y un capítulo dirigido a profesores, para facilitar la atención de los alumnos en el colegio, un lugar donde los niños pasan muchas horas al día y desde el cual pueden recibir
Gracias Patricia Díaz Seoane a la Fundación Mario Losantos del Campo, por tan importante herramienta y por su generosidad al permitir la descarga gratuita del manual.
Disponible en http://www.fundacionmlc.org/uploads/media/default/0001/01/guia-duelo-infantil-fmlc.pdf
Texto original publicado por Juan David Osorio G. en Cuidados al final de la vida
El manual incluye también un apartado especial sobre cómo atender el duelo en personas que padecen una discapacidad intelectual y un capítulo dirigido a profesores, para facilitar la atención de los alumnos en el colegio, un lugar donde los niños pasan muchas horas al día y desde el cual pueden recibir
Gracias Patricia Díaz Seoane a la Fundación Mario Losantos del Campo, por tan importante herramienta y por su generosidad al permitir la descarga gratuita del manual.
Disponible en http://www.fundacionmlc.org/uploads/media/default/0001/01/guia-duelo-infantil-fmlc.pdf
Texto original publicado por Juan David Osorio G. en Cuidados al final de la vida
martes, 30 de enero de 2018
Cómo explicarle a un niño la muerte de un ser querido
Pistas para permitir a los niños participar en el duelo, de la directora del Centro de Escucha San Camilo
La enfermedad propia o de un familiar, la muerte de un ser querido o la separación de los padres son acontecimientos críticos para niños y adolescentes. ¿Cómo pueden afrontar los padres esos momentos? Marisa Magaña, directora del Centro de Escucha San Camilo te da pistas para acompañar a tus hijos.
¿Por qué todavía tenemos tanto reparo para acudir al psicólogo, cosa que no nos pasa con otros especialistas?
Es curioso como en sociedades tan cambiantes como la nuestra tenemos una alta capacidad para adaptarnos a todo lo nuevo que nos llega y lo acogemos con los brazos abiertos por distinto que nos parezca y sin embargo arrastremos tabús y estigmas a través casi de los siglos.
Ir al psicólogo, por desconocimiento, aún se sigue asociando a tener trastornos mentales o en el peor de los casos a ser “tonto”. No ocurre lo mismo con otros profesionales como pedagogos, logopedas que se asocian a otro tipo de trastornos que no son tan vergonzantes.
Sabemos cuándo una persona tiene que acudir al médico pero no sabemos bien cuando deberíamos acudir al psicólogo ¿Nos lo puede aclarar?
Ocurre que estamos tan acostumbrados a convivir con determinados hábitos de pensamiento y comportamiento insanos, que ya los hemos normalizado y aunque no nos hacen sentir bien, pensamos que no se pueden cambiar.
Ciertamente no existe una línea divisoria clara y no resulta fácil diferenciar, ante un malestar personal, si será suficiente con el apoyo de familia y amigos o requiere de la ayuda de un profesional de la salud mental.
Algunas pistas sobre si deberíamos acudir o no a buscar ayuda profesional nos lo pueden dar los parámetros siguientes:
• ¿Se trata de un problema/circunstancia que está limitando la rutina diaria y ésta se está viendo perjudicada?
• ¿Se ha intentado solventar de alguna manera y bien por falta de capacidad o de motivación, no se ha obtenido resultado positivo?
• ¿El motivo del malestar, se mantiene en el tiempo y no sólo no mejora sino que va a más?
Si la reflexión ante estas preguntas nos lleva al sí como respuesta, no estaría de más, al menos, consultar nuestra preocupación con un psicólogo.
Se dice que muchos de los problemas relacionados con la personalidad o incluso la enfermedad mental tienen sus primeros síntomas en la adolescencia y juventud, incluso en la niñez. ¿Es así? En ese caso, ¿cuáles son los síntomas que deben observar los padres para llevar, preventivamente, a sus hijos al psicólogo?
La gran mayoría de los problemas relacionados con la personalidad tienen su origen en la infancia, tienen que ver con los tipos de vínculos aprendidos, el afrontamiento de problemas, la ocurrencia o no de acontecimientos traumáticos, etc.
La enfermedad mental es ya un asunto más complejo y dependiendo de distintas variables, entre otras si tiene componente genético o no, podrá debutar en distintos momentos de la vida del ser humano.
Los padres tenemos un instinto que hace que ante determinadas reacciones, comportamientos, actitudes de nuestros hijos, nos digamos “algo no va bien”. Comportamientos atípicos; niños que no se relacionan o se relacionan mal con otros niños, que sólo juegan solos, que mantienen un estado de ánimo triste, que no responden al cariño, que están en continua rebeldía, que no toleran los límites, etc. Son comportamientos que nos deberían hacer pensar a los padres que algo le ocurre a nuestro hijo y no estamos llegando a ello.
Hay momentos especialmente críticos en la vida de un niño o de un adolescente: enfermedad suya o de un familiar, muerte de un familiar cercano, separación de los padres…. ¿Cómo les afectan estas situaciones?
Acontecimientos como la enfermedad propia o de un familiar, la muerte de un ser querido, la separación de los padres, etc. Cuando ocurren durante la infancia o la adolescencia, suelen afectar al menor en todas las dimensiones de su persona.
Ante esto los padres hemos de estar especialmente alerta, porque los adolescentes y especialmente los niños, no manifiestan sus sentimientos como los adultos, más bien los “actúan”. A los menores les cuesta expresar, les cuesta entender lo que sienten y más aun “sacarlo”.
Es frecuente, por ello, que su malestar; tristeza, rabia, culpa… lo proyecten en sus actividades y comportamientos diarios; falta de ilusión por las cosas, no querer estar lejos de casa, reacciones violentas sin causa justificada. Recuerdo el caso de una niña de 10 años que ante la muerte de su hermana pequeña no expresaba ningún sentimiento hasta que una noche que se quedó a dormir en casa de su mejor amiga, le dio un ataque de llanto tan grande que los padres tuvieron que ir a buscarla.
¿Cómo deben actuar los padres?
Fundamentalmente de dos maneras; haciendo a los menores participes de lo que está ocurriendo en la familia. Es decir, informarles, adaptando la información a su nivel de comprensión, de lo que está ocurriendo, de en qué manera les va a afectar, cambios de horarios, etc. Si se trata de una enfermedad grave, sin cerrar la puerta de la esperanza, no mentirles sobre la gravedad y la posibilidad de no curación, los menores también necesitan ir haciendo su despedida.
Una vez hecho esto es importantísimo darles la oportunidad para que expresen lo que están sintiendo, que pregunten lo que quieran saber, ellos dosifican con sus preguntas. Normalizar y acoger su llanto, rabia, etc., con cariño y comprensión explicándoles que es su manera de expresar el amor hacia su ser querido.
En nuestra sociedad no se lleva hablar de la muerte y menos a los niños, ¿cuándo y cómo hay que hablar a un niño de la muerte?
Siempre que el menor haya sufrido una pérdida significativa es importante hablar con él.
¿Qué debemos decir al niño? Cómo nos sentimos, que entendemos su tristeza, que es natural que sienta pena o rabia, que en esta vida ya no veremos más al fallecido.
Tener en cuenta además que los principales temores del niño son ¿Causé yo la muerte? ¿Me pasará a mí? ¿Quién me va a cuidar si se muere también mi…?
Desde su experiencia ¿cuáles son las situaciones que más nos “duelen”, en el cuerpo y en el alma, a las personas en estos tiempos que vivimos?
Desde mi experiencia, las situaciones que más nos duelen a los seres humanos son intemporales, y tiene que ver con el miedo a que nos dejen de querer. Aunque suene a manido, querer y ser querido es lo que da sentido al ser humano, afortunadamente.
Perder ese cariño, por muerte, abandono, agresión, etc. Deja un vacío en el alma que si no se trabaja para afrontarlo termina enfermando el cuerpo. La gran mayoría de los trastornos de una persona tienen su origen en no haber recibido cariño o haberlo recibido de una manera insana.
Usted trata casos de personas que han tocado fondo ¿cómo les motiva para salir del pozo y abrirles horizontes de esperanza?
Cuando te sientes tocando fondo, una de las cosas que más necesitas es que mientras te estás “quejando” por lo mucho que te duele lo que te está pasando, haya alguien sentado a tu lado recogiendo todo esto que dices. Entendiendo la magnitud de su gravedad, validando sus reacciones y comportamientos como propios de la situación tan dura que está viviendo e incluso animándole a que “no se aguante” nada de lo que sienta, porque sí, porque la queja es buena y es buena porque sana. Es la rehabilitación del hueso roto, duele mientras se hace pero sin ella no se vuelve a caminar bien.
Solamente después de haber acogido al otro en sus debilidades podrá confiar en ti para que le ayudes a re/descubrir sus fortalezas.
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